Si hay un hito en mi camino hacia el rescate de mi niña repudiada, de mi esencia amordazada ese ha sido, sin duda, este taller de julio 2018. Sentí como mi corazón se despertaba, cómo me inundaba un gozo infantil, la alegría de vivir, el amor por mí misma (un sentimiento del que ya no guardaba memoria y definitivo, ahora lo sé, para vivir y amar con plenitud). Sentí cómo salía de la oscuridad hacia la luz, por esa puerta que Diana con su delicadeza, sabiduría, pasión y magia abrió para mí. Soy otra desde entonces, siento que mis alas,  por fin, se despliegan.